PRUEBAS QUE REPRUEBAN

Presentamos el tercer artículo de la sección SEMPER FIDELES, escrito por el capellán de exalumnos P. Pedro Ferrés.

 

Hoy, dicen, no vale más el “para siempre” en el amor. Hay inseguridad personal en cuanto no confiar en que es posible decir que sí, y luego ser consecuente toda la vida. En todo caso puede ser que para siempre, pero primero esperame a que esté seguro. Por eso hoy se prueba, para poder estar seguros de conocerse bien, a ver si la cosa funciona sin problemas. Así es mucho más fácil porque casi no se asumen compromisos y responsabilidades y además, por supuesto, se cuidan bien y no vienen los hijos, que es lo que complica. Tá bueno. Se pasa bien, y además está de moda, es lo que todos hacen, quedás como de avanzada yéndote a vivir así no más con una mujer, rompiendo con estructuras antiguas que ya no se entienden…

¡Reprobado Master! Por muchos lados, por todos lados.

La persona está hecha para darse del todo y para siempre, y si no lo logra no se realiza como tal, será para siempre el pobre inmaduro que no supo asumir la existencia. Por eso el momento impresionante de darse, él a ella, ella a él. Impresionante, cuando los que se casan se dan por primera vez, es una fiesta espectacular, es un milagro, suenan campanas en el cielo y en la tierra, es la fiesta de Dios en el hombre.

No se dieron antes porque aún no se pertenecían. Se conocieron, se enamoraron, … se respetaron. No tocaron lo que no era de propiedad. Enseñaba Juan Pablo II que dar el cuerpo es dar toda la persona. Dar el cuerpo es una cosa muy seria: ¡es darse del todo! En el matrimonio se dan el cuerpo y llegan a ser una sola carne. En el celibato no dan el cuerpo y así lo dan a Dios. En el darlo me doy del todo. En el no darlo también. Cada uno con su significado profundísimo.

Darse del todo y para siempre. Hasta entonces no se toca lo que no es mío. Si te quiero de veras, te respetaré. ¡Qué premio de felicidad y de encanto cuando llegan enteros al día del casamiento! ¡Qué auténtico el vestido blanco! ¡Qué miradas sinceras y seguras de amor y de felicidad!

No te equivoques, Master, andá por lo seguro. Con la felicidad no se juega. No erres el camino. No te fijes tanto en las modas, que las modas no son necesariamente la verdad. ¡La verdad es Cristo y su Iglesia! Gracias Señor por haber venido a la tierra y por habernos hecho tu Iglesia.

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